La mariposa en el dedo de Gerda Wegener

Por Gabriel Bravo / 10 enero, 2017 / 2 Comentarios

“My truth across a small humped bridge.” Anne Sexton

 Intentar ser libre y no dejarse llevar por la música de la amplia mayoría es un hecho que debería ser obligatorio. Defender la propia vida frente a la ignorancia común es hacer política vital, esa de puertas adentro que se repite en la historia y donde siempre hallamos a alguien que nos sorprende, como es el caso de Gerda Wegener, de la que no sabemos su fecha de nacimiento con seguridad. Lo que sí sabemos es que tuvo la suerte de ser joven a principios del siglo pasado, ese periodo denominado los locos años 20 pero que ahora sabemos que además de locos fueron emancipados e inteligentes.

La pintora e ilustradora Gerda Wegener fue una mujer libre, casada con Lili Elbe, la segunda transexual que sufrió una operación de cambio de sexo, famosa por la película hollywoodiense The danish girl. Ambas se conocieron en la Escuela de Arte de Copenhague donde estudiaron el arte o la vida, y se casaron muy jóvenes para caer de lleno en la razón de una mariposa en un dedo. Juntas se descubrieron a sí mismas, la una como lesbiana o bisexual y la otra como intersexual, unos de esos términos que en su tiempo nadie conocía de su existencia, simplemente se vivía.

Elbe experimentó el hibris del que ni siquiera los dioses la pudieron librar, e hizo suya la mujer que era. Se sintió cómoda con medias de seda, ropa interior de muselina, traje de tafetán y sombreros de plumas, pero comprendió que no solo eso era ser mujer, el disfraz para ella no era suficiente porque una vez acabado el carnaval a ritmo de jazz, la sorprendía el blues con ansiedad de ojos lacrimosos.

Lili quería ser mujer en aquellos años de esplendor creativo cuando las damas, al fin, se quitaron el corsé, se cortaron el farragoso pelo, y encontraron “una habitación propia” donde podía gobernar el desorden sin miradas furtivas.

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Cuando Copenhague se les hizo sofocante marcharon a París donde el sayo se hizo mujer y pudieron mantenerse gracias al trabajo de ilustradora de Wegener. Su ojo certero era del gusto del París del Art noveau y pronto empezó a colaborar en las revistas más importantes de la época: VogueLa Vie Parisienne, Baïonnette o Fantasio.

Su obra hace poco tiempo desconocida ahora asoma en muchas páginas webs y hasta ha sido exhibida en el Museo de Arte Moderno de Copenhague. También su trabajo se puede encontrar a precios desorbitados en mercado de segunda mano en los libros que ilustró con genio único, libros como Los cuentos de La fontaine, Fortunio de Théophile Gautier, Une Aventure d’Amour à Venise de Giacomo Casanova, Le Livre des Vikings de Charles Guyot o las acuarelas eróticas que ilustran los poemas de Louis Porceau.
El coste de la habitación propia le puso frente a un triste hecho, que no solo del arte vive la mujer, aunque fue diestra en adaptarse a las necesidades de la rotativa y a la despampanante moda parisina, y gracias a ello nos han quedado sus delicados dibujos de mademoiselles en Journal des dames et des modes.

Una sanada economía le dio alas para dibujar mujeres, mujeres sin la necesidad de hombres, esos que aparecen pocas veces en sus preciosos dibujos más como florero que como protagonista, a veces como sátiros de mirada inquisitiva y en otras ocasiones más femeninos que las propias mujeres. En su obra las mujeres se quitan la máscara de la historia y deciden vivir la vida que han elegido, y se muestran modernas en los cafés y restaurantes de moda, son fumadoras y bebedoras, aparecen acompañadas de otras mujeres, son lectoras de Le Petit Journal, gustan de la sabía armonía de los animales, visitan lugares exóticos, se bañan en playas cálidas, conducen coches, son atrevidas y cómplices, buscan su propio placer, y sobre todo, son amigas. Casi siempre se muestran satisfechas y alegres, comparten fantasías, son hijas de la luna y de los días de ocio y pimienta. Una república de mujeres donde una estatua de venus primitiva puede ser lanzada de una patada al pavimento para borrar de un soplo los rastros de la historia, porque la historia solo es eso, un calabozo de humo donde necesitamos dejar que entre el aire fresco.

Gerda Wegener utilizó como modelo muchas veces Lili Elbe, la hace protagonista en la verdad de su cambio sincero, en el que como pionera ha tomado el viaje de ida sin retorno. Aparece en muchos de sus retratos sola o acompañada de Gerda u otras amigas, resaltando la belleza que esconde su alma liberada. Si no conociéramos su historia y pasáramos por delante de un cuadro o dibujo en el que aparece representada, solo podríamos ver la mujer que ella deseaba ser: Lili mariposa, sin dolor, sin metamorfosis, sin habitaciones de hospital, sin médicos, Lili como una más. Así en la obra de Wegener, Einar Mogens Wegener, su viejo nombre de hielo, nunca existió.

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Como Ovidio o Kafka, Lili Elbe necesitó contar su transformación, por ello toda su historia fue recogida en el diario “De hombre a mujer”, una autografía que apareció bajo el nombre de Niels Hoyer, pseudónimo bajo el que se escondía su editor: “Me siento una constructora de puentes. Pero es un puente extraño el que estoy el punto siguiente. Pero no lo veo o lo veo vagamente o apenas lo sueño de vez en cuando. Y muchas veces no sé si el otro punto es el pasado o el futuro. Muchas veces esta pregunta me toma: ¿Tengo un pasado o no tengo ningún pasado?, ¿O sólo tengo un futuro sin ningún pasado?”.  La construcción de una misma tiende a salvar accidentes geográficos de nacimiento, un puente sobre su yo más profundo con forma de ovarios rudimentarios. Un paso entre dos aguas para convertirse en guitarra, y pronunciar el viejo abracadabra: yo solo sé que soy una guitarra.

Las faldas a lo loco nunca fueron del gusto de la monarquía, quizás por esta razón el rey de Dinamarca decidió divorciar a Gerda y a Lili. La praxis de la justicia no permitía en esa época el matrimonio entre dos personas del mismo sexo, pero le concedió a Lili utilizar su nombre a efectos legales.

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La biografía de Gerda Wegener parece acelerarse tras la muerte de Lili,  se casó y se marchó a Marruecos después del divorcio quizás para escapar de siempre molestas habladurías. Lili murió como resultado de su última operación donde le trasplantaron unos preciados ovarios. La metamorfosis y la medicina en 1931 eran ensayos que costaban la vida, agua y aceite para valientes soñadoras. Durante su proceso de cambio Lili sufrió cinco lacerantes operaciones para renacer como mujer por dentro y por fuera, y salir al fin de su cárcel crisálida.

Gerda ya en Marruecos tuvo noticia de la muerte de “su pequeña Lili”, poco después se divorcia por segunda vez, mariposea por diversos países y al final regresa a Dinamarca donde se pierde en el olvido de los no comprendidos.

Gerda Wegener, como otras muchas artistas singulares, hicieron de la vida un arte, reflejando su propia imagen y de aquellos afortunados que tuvieron la gran suerte de frecuentarla. Su obra son retratos de una biografía fantástica en la que todos deberíamos reconocernos porque su frenesí nos hace libres.

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2 Comentarios

  • Montse Llamas
    21 enero, 2017 at 12:26 pm

    Qué maravilla de artículo, Mónica. me ha fascinado tu punto de vista sobre estas mujeres y su época.

    • veoveo
      veoveo
      25 enero, 2017 at 4:02 pm

      Me alegra mucho que te haya gustado Montse! pero el mago de este texto y la sugerencia del tema es de Gabriel Bravo, uno de los colaboradores del magazine. Le haré llegar tu mensaje! Gracias por tus palabras!! Un abrazo!

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